¿Y por qué ya no basta con cantar?


Qué rápido nos ofende lo que no nos gusta.

Residente se defendió ante un rapero puertoriqueño que lo trató de hipócrita por criticar el reggeatón. Lo hizo en un tema que se llama “Mis Disculpas”. Un clásico “diss track” (o “tiraera” en boricua) donde le dedica unas rimas geniales, del tipo:

Dices que fui reggeaton, di también que fui tango, bossa nova, cumbia, batucada, mambo. La fusión es el concepto. Con Calle 13 les empujé la mitad, y ahora con Residente les empujo el resto. No es el género musical, sino el artista. Tírale un dembow a Rubén Blades a ver cómo parte la pista

¡Buena po!

Pero hoy día parece que eso no importa. Que dan lo mismo los 8 minutos de rapeada bien fluida sobre cambios de métrica, en los que Residente – lanzando la canción el mismo día que lo interpelaron – hacía carne sus dichos en una entrevista con Billboard: “si tú me das 30 minutos, te preparo un hit ahora mismo de lo que está sonando en la radio”. Todo porque menciona a niños autistas y el Síndrome de Down. “A los raperitos baladistas, hip hoperos elitistas, los tengo cabeceando como niños autistas”, dice primero, luego “mis rimas son Síndrome de Down, son anormales, dejando a los MCs en coma como vegetales”.

Dejando de lado que en ambos casos no se entiende que haya una ofensa en el uso (no creo que diría que sus rimas son síndrome de Down si entendiera la condición como una desventaja), quisiera plantear una cuestión: ¿Por qué necesitamos que nuestros artistas y referentes sean perfectos?

Y ojo que no estoy diciendo que el ser un músico destacado te deba eximir de tomar responsabilidad de tus dichos, pero sí que llama la atención la fiereza con la que juzgamos por sus comentarios a quienes seguimos por su música. Juicio que no deja espacio al genuino error sin mala intención, o siquiera al error por ignorancia. Que no tiene nada de malo, y que nosotros mismos cometemos día a día sin que una ciberturba pida nuestra cabeza.

Pareciera que ya no basta con ser un(a) gran artista. Además les pedimos ser moralmente impolutos; tener un uso de lenguaje impecable; opinión acerca de todo y rebelarse contra lo que nosotros nos rebelamos. ¿Por qué? Pregunto en serio, porque yo no tengo idea de dónde vino esta necesidad de encontrar en quienes nos entretienen, maravillan o conectan con nuestra sensibilidad, al Dalai Lama. Y ni siquiera, porque el Dalai Lama dijo en 2015 que si su sucesor fuese mujer, “debiera ser muy atractiva”. Sí, en serio. Lo dijo a la BBC en una entrevista en la que recordó una conversación con una periodista francesa que le había preguntado por una posible sucesora femenina, ante lo que el Dalai Lama respondió muy entusiasta que sí, que era posible, y que incluso una mujer tendría “biológicamente más potencial para demostrar afecto y compasión”. Hasta ahí todo bien, pero luego habría agregado – según él mismo, muy en serio – que “debiese tener una cara atractiva”. ¿Lo ven? ni el Dalai Lama es el “Dalai Lama”.

Igual comprendo la preocupación. Uno espera que alguien que “siente igual” a uno, sea como uno. Pero no lo es. No va a ser así. Porque no se crió contigo, no vivió lo que tú viviste, ni aprendió lo que tú aprendiste. ¿Por qué entonces queremos homologarlo para que encaje? Y homologarlo a qué, además. Ni siquiera nos hemos puesto de acuerdo qué es lo que queremos con quienes tenemos al lado, y le pedimos a uno con el que ni siquiera hemos sostenido una conversación que nos entienda y refleje nuestros mismos valores, opiniones y ¡uso del lenguaje! ¿Qué esquizofrenia es ésta?¿De dónde viene?¿Es que nos frustra que quien admiramos no sea como nosotros, y transformamos esa frustración en linchamientos en la plaza pública de las redes sociales?

Propongo una alternativa para futuras ocasiones.

Antes de encender las antorchas y enfilar hacia sus cuentas oficiales, preguntémonos de dónde es que viene una idea así, ¿Por qué ni siquiera elude a un representante de cuanta lucha justa existe en latinoamérica, como Residente? ¿Por qué le pega igual a quien ha pasado décadas propagando un discurso de paz mundial como el Dalai Lama? Y ¿Qué podemos hacer nosotros para que ya no pase?¿Cómo enseñamos a los demás lo que nos parece correcto? Esas preguntas siento que no se responden en arrancadas de 140 caracteres. Son preguntas para responderlas con más calma (por favor), recordando que estas personalidades son, en realidad, personas, y tienen sus bemoles como todos. Y si tú puedes querer a ese tío machista tuyo o corregir sin perder la cabeza a algún amigo cuando dice “lisiado” o “retrasado”, entonces se ve que puedes con estas polémicas baratas.

Ojalá que sea así, porque ésta no será la última.

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