Violeta Parra a 50 años de su fuga 1


Por Felipe Valdés, músico de Sankara y Merkén

 

Cada día más y con mayor lucidez me logro dar cuenta de la relevancia y trascendencia que nuestra madre cantora Violeta Parra dejó en su paso por esta dimensión de la existencia. Y es que la contingencia de nuestro país, de nuestro continente, y de cierta manera, del mundo entero se ven tocados por su poesía.

Hace unos años ya, conocí su canción “Cantores que reflexionan”, en mi opinión, una de las obras literarias maestras de toda su producción. Escrita en cuatro estrofas de doce versos octosílabos, Violeta deja entrever la transformación que tiene un cantor (astro) que trae sus tomentos, ruidos internos y vanidades desde el reino de la oscuridad (ignorancia). Todo cambia cuando toma consciencia del mundo y de su rol de “decir” con el canto, consiguiendo así que “luces brotaran del cantor”.

 

 

Comencé a cantar esta canción una y otra vez como un manifiesto de los cantantes, pero no conseguí memorizarla, siempre me ha costado aprender letras que contengan décimas como las muchas estrofas del “Maldigo del alto cielo”, del “Gracias a la vida” o bien los eternos textos de chacareras dobles, pero este año fue distinto, apenas arrancó el año sentí la necesidad de saberla bien y de rendirle un homenaje a la Violeta, más aún cuando se cumplen los 50 años de la llamada “fuga” y 100 años de su nacimiento. Paralelo a ese impulso que tuve, recordé a la queridísima cantante Cecilia Concha Laborde, a quien tuve la oportunidad de conocer en la última versión de las “Mil guitarras para Víctor Jara”, en Septiembre pasado, donde junto a Sankara fuimos parte de la banda estable. Ella me habló de la celebración que cada 5 de Febrero se realiza en la tumba de Violeta en el Cementerio General convocada por agrupaciones de cantores populares tales como el Colectivo Liberarte, Colectivo Cantores que Reflexionan y Colectivo Mujeres de Colores. Cecilia es fundadora y colaboradora de estas agrupaciones quienes me dejaron muy invitado a ser parte de esa instancia que desde hace más de 20 años se viene replicando.

 

Homenaje a Violeta Parra en Cementerio General. Foto por Sergio Cárcamo Diaz

 

Fue esa necesidad de homenaje lo que me llevó a llamar a Cecilia para ofrecer mi canto para la jornada, y fortuna la mía que justo ese día cerraban la parrilla y mandaban a imprimir los afiches. Una vez confirmada mi participación me invadió un nervio de aquellos, esas lindas sensaciones que vienen cuando algo importante se avecina.

A las 15:30 hrs del 5 de Febrero me aproximé con mi guitarra en la espalda, mis nervios y mis enormes ganas de cantarle a la madre inspiradora en sus pies de tierra. El desfile de cantores fue impresionante, sobre todo considerando que los primeros compañeros ya sonaban a eso de las 11 hrs. Muchos amigos artistas, tan queridos y admirados por mi como Cecilia Astorga, Alexis Venegas, Cecilia Concha, La chinganera, Pedro Villagra, Quique Cruz, María Acuña, poetas, bailarines, entre otros dejaron sus sonidos en el aire, flotando, seguro siguen ahí bailando con la Violeta. Hacía poco había llegado al cementerio Anita González, la queridísima activista por los derechos humanos, así que la cosa tomaba ribetes de emoción insospechados.

 

La Chinganera, Ana González y Quique Cruz en homenaje a Violeta Parra en Cementerio General.
Fotos por Sergio Cárcamo Diaz

 

Cuando llegó mi turno no estaba preparado, pues un artista no estuvo y no me avisaron, de modo que cuando dijeron mi nombre yo aún me encontraba con mi guitarra enfundada y en mi silla de espectador junto a mis padres, que siempre me acompañan. Rápidamente me armé y comencé tocando la anticueca n°4, bella pieza para guitarra que es parte de las 5 piezas que Violeta llamó “Anticuecas”, en un lenguaje muy parecido a su obra “El Gavilán”,  tanto en procedimientos compositivos como de sonoridad. Luego improvisé sobre la canción La Jardinera, lo que me ayudó a llegar de mejor manera a cantar la anhelada “Cantores que reflexionan”. Fue muy grande el impacto y la emoción que me generó cantar esa canción, en ese lugar, en ese día, con esos oídos dispuestos a escuchar. El aplauso fue grande y hermoso, me llegó a emocionar y mis nervios se disiparon y convirtieron en alegría y goce. El “otra, otra, otra” se dejó caer prontamente y yo sin tener nada más preparado de la Violeta, me propuse cantar otro de los manifiestos de nuestra música chilena, estoy hablando de la canción “Manifiesto” de Victor Jara. Ya los primeros versos se oían bellamente a coro, mi emoción creció y mi voz flotaba sobre las personas. Sentí la conexión profunda con los pies de Violeta y Victor, el fundamento de su canto, bebí de sus melodías en medio de sus calaveras eternas.

 

Felipe Valdés en homenaje a Violeta Parra en Cementerio General. Foto por Sergio Cárcamo Diaz

 

Mis padres siempre me acompañan en las emociones y ese día mi padre me pidió acompañarlo a una de las suyas, fue así como nos alejamos un momento para visitar a su madre, mi abuela Fresia Contreras Carrasco fallecida el año 75 situada a pocos metros del lecho de Violeta. Reflexiones y conversaciones sobre la vida, la impermanencia, el tránsito, la trascendencia, los recuerdos y la gratitud se sucedieron para cerrar con broche de memoria esa jornada.

Al volver, Cecilia Concha me llamaba nuevamente al escenario para cerrar con un canto colectivo el “Gracias a la vida”, a estas alturas himno del mundo. Otra vez las emociones se agolpaban y dejaban mi cara pintadita color Violeta.

Cuando salíamos del Cementerio, el murallón memorial de los detenidos desaparecidos me abrumó el corazón y aterrizó mis sensaciones. Me fui en calma.

Y todo esto por la luz que alguna vez brotó de Violeta, y que hoy después de 50 años de su fuga continúa irradiando sobre nosotros.

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One thought on “Violeta Parra a 50 años de su fuga

  • Bernardo y Mireya

    Leer y emocionarse con este artículo es un placer que alimenta el alma de cualquier persona y más aún cuando esas personas son tan cercanas como tus padres. Gracias hijo adorado