Valses y boleros en la música chilena actual. El nuevo aire en las canciones de cantina.


Latinoamérica siempre ha sido buen productor de música para cantar las penas. Boleros, valses, bachatas, sones, zambas, tonadas, todas se han utilizado para cantar tragedias.  Y  nuestro país ha tenido, en su historia musical, grandísimos exponentes – conocidos y no tanto – a la hora de cantar esos dolores que, con las bellas ropas de sus estilos musicales, nos engatusan para escucharlos y llorar, vino en mano.

 

 

Desde hace un tiempo ya, hemos notado, en nuestra fauna musical chilena, un nuevo aire dentro de la gran tradición de canciones desgarradoras que tiene nuestro continente. Y es que en nuestro país son varios los grupos y solistas que han sentido el llamado de esta música, y han comenzado a cantarla. Ya sea por amigos, tradición familiar o simplemente por un afán de volver al origen, a punta de cueros, maderas y nylons estos representantes de la música de nuestro país hoy protagonizan una movida que nos entrega nuevas canciones, que vienen con esa nostalgia de las antiguas, ampliando así nuestro repertorio para esos carretes donde el tinto y la guitarra se acompañan.

 

Bloque Depresivo

Sin duda los más populares en esta lista. Sabías que estarían aquí, así que mejor mencionarlos primero.

Lo que partió como un intermedio musical de valses y boleros dentro de los conciertos de Chico Trujillo, hoy ya rivaliza en popularidad con la banda de “Loca”, y va ubicando a su líder, el Macha, como punta de lanza – así como pasó con Chico Trujillo y la cumbia chilena – en esta reconquista de las canciones de cantina en este lado del mundo.

La gracia que tiene el Bloque Depresivo es que nace de la habilidad que tuvieron el Macha y compañía de, con un repertorio de boleros y valses criollos, cautivar la oreja de un público que no se lo esperaba. De gente que a lo mejor le hacía el quite a la música de radio AM en su diario vivir y de pronto se topa de frente con una canción de José José en medio de un concierto de cumbia vacilona… y la encuentra buena.

Varios años después, el archiconocido concierto del Bloque en el Théâtre de la Ville, que acumula casi 4 millones de vistas en Youtube, ha  bastado para sostener en el lugar de banda de culto a los Bloque Depresivo.

 

 

Los Celestinos

“Se sufre pero se aprende” se llama el disco con el que Los Celestinos se presentaron ante el mundo. Un disco que advierte desde su título que el cuarteto se dedica al oficio de cantar desgarros.

El vals peruano es el lenguaje que hablan Los Celestinos. Y en él se manejan con maestría. Con un sonido impecable; pulido por más de 8 años, este cuarteto trae al presente sonidos del pasado. Como si referentes del género como Zambo Cavero, Los Dávalos o Augusto Polo Campos hubiesen tenido sus manos en la producción de su disco. Y en algún sentido, las tuvieron.

La primera guitarra de Los Celestinos la carga Javier Mardones, y sobre ella cantan tres voces; las de Giancarlo Valdebenito (contrabajo) y Cristian Mancilla (cajón peruano) provienen de la cueca, específicamente de La Gallera; la de Julian Herreros (guitarra), del flamenco. Era de esperarse que sus voces, entonces, supieran encontrarse en la estridencia y el tormento de estos valses peruanos hechos en Chile.

Si no me creen:

 

Aquí están Julián Herreros y Javier Márdones, tocando y hablando en Radionauta:

 

La Flor del Recuerdo

Lo que Los Celestinos hacen con los valses, La Flor del Recuerdo hace con los boleros. Aunque este quinteto es quizás más purista; replicando incluso la vestimenta y sobriedad de la experiencia que habría sido escuchar los boleros de mitad del siglo XX en algún bar de Santiago (o de alguna capital latinoamericana).

Pablo Moraga, hoy voz de Juana Fe, es quien lleva la primera voz y maracas en la agrupación. Su voz la acompañan en guitarra Ricardo Aguilera y Cristobal González en requinto. Completan el quinteto el contrabajista Eduardo Rubio y Cristian Gutierrez en la percusión.

Con un repertorio que mezcla originales con clásicos de todos los tiempo, La Flor del Recuerdo se ha hecho una reputación como una muy prolija agrupación que representa, en música y estilo, un bello viaje al pasado.

 

 

Demian Rodriguez

El sanantonino llevaba rato ya tocando en solitario sus canciones de bar en bar en Valparaiso antes de decidir cambiar la guitarra por una banda. Hoy su disco “Demian Rodriguez”, el segundo de su carrera, lo ha hecho convertirse en una de las voces relevantes dentro de este resurgir de la música cantinera latinoamericana.

El más ecléctico de este artículo, la exploración musical de Demian en este disco lo tiene cantando canciones que mezclan bachata, bolero y son, sin que se note el cambio. El sonido que tiene hoy Demian Rodriguez está hecho a la medida de su voz.

Estas canciones – según dijo en su lanzamiento en espacio diana – hoy suenan como siempre quiso que sonaran. Y se nota.

 

Radionauta estuvo en el lanzamiento de su disco en Santiago y te contamos cómo estuvo aquí.

 

Rulo

Influenciado por la música de sus amigos de Los Celestinos, David “Rulo” Edelstein decidió acercar su proyecto personal hacia la música latinoamericana, sin dejar de lado su bagaje y experiencia en el soul. Dando como resultado un disco llamado Vendaval.

Quizás el menos “fiel” de esta lista al sonido original con el que se construyeron estos estilos. Ya que, en Vendaval, a las guitarras de palo y cajón peruano se les suman los efectos en la voz, las guitarras eléctricas y una manera de cantar que tiene a ratos más que ver con el pop y el soul que con la tradición latinoamericana. En definitiva se trata de un disco interesante, que explora en las sensaciones musicales al tiempo que mantiene una clara base en latinoamérica.

 

Aquí está Rulo tocando, junto a dos de Los Celestinos, en La Revuelta al Mundo de Radionauta:

 

Roja y Negro

El resultado de carretes guitarreados entre Ana Tijoux y Raimundo Santander, Roja Negro es el trio que ambos músicos conforman junto a Ramiro Durán.

Boleros, tangos, valses y tonadas son las armas de Roja y Negro. Una propuesta musical que se vale de un formato más íntimo, alejado de los grandes escenarios, para generar la atmósfera en la que estos estilos se lucen.

Roja y Negro es la continuación de un camino que ha llevado a Ana Tijoux a buscar cada vez más su sonido, dentro de latinoamérica. Esta vez lo hace con 2 guitarras y cantando sin rapear.

 

 

 

 

BONUS 1: Los Tres Unplugged

Aunque su vinculación con la música cantinera de latinoamérica no es quizás tan directa y absoluta, sería un error pasar por alto la contribución que tuvieron Los Tres al poner en valor, y reintegrar al repertorio popular, música que ya llevaba olvidada un buen rato. Los 3 últimos temas del icónico disco de 1995 son de autoría de Roberto Parra, y eso no se le olvida a nadie. Y si consideramos que el tío Roberto cantaba, en sus tiempos mozos, esas canciones en los bares y prostíbulos de Santiago, vale aún más su lugar en este artículo.

 

BONUS 2: Mon Laferte

Si bien la producción de sus canciones tiene más elementos relativos al pop mexicano que a la música de raíz latinoamericana, la voz sangrante de Mon Laferte también se luce dentro de su repertorio con algunos temas compuestos en clave de vals criollo, así que si vamos a hablar de desgarro musical latinoamericano hecho por chilenos, el salú también alcanza para la música de Mon.

Además, la cantante se vincula con casi todos los otros músicos aquí presentes. Compartió escenario con Rulo en Viña, Los Celestinos estarán en su próximo disco y es una declarada fan de Demian Rodriguez, así que está entre amigos.


 

Finalmente, al tratar de encontrarle un motivo a este nuevo aire que recibe la música latinoamericana en Chile, y queriendo hacerle el quite a los aspectos más “musicológicos”, nos quedamos con una reflexión que hizo Julian Herreros durante la conversación con La Revuelta al Mundo, respondiendo al por qué esta música resuena en la gente:

Porque a todo el mundo le pasa. El amor es algo transversal… nadie se salva.

Y si a eso le sumamos que el arte más simple y genuino, siempre tendrá eco en la gente, entonces concluimos que: cuando nos hablan de amor en serio y sin pretensiones, escuchamos.

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