Moral Distraida en el Caupolicán. La selva en el centro


Sería una noche memorable, decían todos quienes querían venir y todos quienes querían que vinieran. Una fecha que había sido planeada por meses. El primer show en solitario en el Teatro Caupolicán de Moral Distraida, una de las bandas nacionales que más ha visto crecer su nombre los últimos meses, a punta de reproducciones en Spotify, giras por Chile, participaciones en festivales y apariciones en radio y TV. Apenas dos días antes de este show estaban en vivo en horario prime por televisión a nivel nacional.


Presentación en vivo (y en playback) de Moral Distraida, para todo Chile, dos días antes del Caupolicán.

 

El teatro Caupolicán nos recibe con las luces bajas y sonidos selváticos reproduciéndose por el sistema de sonido. El escenario (construido por los escenografos de Cuervo Rojo) evoca alguna escena post apocalíptica de un mundo en que la vegetación se ha apoderado de las ciudades. Un poste de alumbrado público en un extremo del escenario; una pandereta con un mural de la brigada Ramona Parra; unas planchas de cholguán con un graffiti; todo unido por enredaderas, que cubren los instrumentos, cuelgan de las parrillas de luces y cruzan el escenario. Una ambientación que tiene mucho que ver con el póster oficial y que ha sido muy cuidada para lograr involucrarnos a todos los presentes en una experiencia común.

Poster oficial, hecho por The Boost

Escenario en Teatro Caupolicán.

 

A las 9 en punto se bajan las luces y comienzan a aparecer de a uno los músicos sobre el escenario. Por supuesto los últimos en salir a escena son los hermanos Zicavo. Camilo y Abel aparecen de cada extremo de la escenografía, se juntan al centro y dan comienzo a “El Ménú”, la canción que da inicio al show.

El público está feliz. Corean las canciones, hacen palmas y mueven las manos según lo instruyen quienes comandan el show.

Tres o cuatro canciones del repertorio conocido abren cancha para presentar uno de los más nuevos. “Nuestro más reciente y más querido hijo” lo llama Camilo. Se trata de “Quédate acá”, una canción compuesta a modo de bienvenida para todos los inmigrantes que han llegado a Chile, o – en palabras del vocalista – “Un llamado a no ser ahueonao… Hay que ser muy bruto (o bruta) para recibir mal a quien dejó todo para venir a otro país a empezar de nuevo”. El tema carga el sabor latino de la banda y seguramente será coreado en cuanto la gente tenga la oportunidad de aprender su letra, pero por ahora la gente se conforma con bailarlo y aplaudirlo.

El comentario acerca de la inmigración no sería la única intervención con sentido político de Camilo Zicavo. Rato después, quien es el encargado de la interacción con el público, haría un llamado a votar. Recordando que apenas quedan 8 días para las elecciones, el vocalista nos invita a ser responsables con nuestro deber ciudadano, recibiendo los aplausos del Caupolicán.

En un comentario personal de quien escribe, es muy gratificante ver a artistas que son parte del “mainstream” tomándose en serio su poder de comunicadores, y no esconder su personalidad con la excusa de querer ser un poco más “gusto general”. Bien por el mensaje de Zicavo y la Moral.

 


Camilo Zicavo dirigiéndose al Caupolicán. Foto: Juan Pablo Quiroz

 

En shows extensos como el que está ocurriendo en el Caupolicán, es normal que exista un momento de calma dentro de la euforia del show en vivo. Esta noche, dicho momento lo provee Guille Scherping, director musical de la banda, quien – guitarra en mano – cruza el escenario tocando solo, hasta un micrófono en la esquina izquierda, donde se detiene y comienza a cantar las primeras frases de “Recreo”, uno de los grandes éxitos de la banda. La gente se emociona inmediatamente y acompaña la canción. La mitad del tema es sólo Guille, su guitarra y el Caupolicán. Para cuando se une el resto de la banda, el momento de calma se torna eufórico casi sin esfuerzo, y todas las voces que corean “lelele” bajan hacia el escenario con más fuerza, dando un lindo cierre a la canción.

La banda interactúa y se mueve por su escenario con mucha naturalidad, cambiando el foco de atención a diferentes puntos del mismo según lo va demandando el show. Luces, momentos coreográficos, interacciones entre la banda, todo sale natural. Y lograr esa sensación, debe haber sido tremendo trabajo.

 

Moral Distraida en Caupolicán. Foto: Juan Pablo Quiroz

 

Si parece como que todo fue perfecto es sólo porque lo bueno le ganó por paliza a lo malo. Un único momento en el que el show encontró alguna traba fue en un break en que tres de la banda se ubicaron tras las congas. Darle comienzo a esa intervención llevó más de lo planeado, lo que causó que el público aplaudiera impaciente en clave y demorara aún más la empezada. Finalmente, no fue uno de los momentos memorables y seguramente será uno de los puntos a trabajar para la próxima. Otro momento que de seguro causó algún estrés a la producción fue cuando en la primera intervención de la pantalla led, ésta se fue a negro en más de un 50%. Un malfuncionamiento que mantuvo el espectáculo sin el apoyo de visuales por 3 canciones. Ausencia que no fue tan notoria para el público pues falló desde el comienzo, de modo que no alcanzamos a notarla lo suficiente para echarla de menos, pero sí debe haberle sacado algunas canitas verdes a quienes de seguro corrieron a arreglar el desperfecto.

El show avanza invocando el repertorio más antiguo (si pueden llamarse así canciones que tienen apenas 7 años) y el más nuevo. Incluso tocan “Haciendo Nada”, el cóver que la banda hizo para su show especial junto a Santa Feria. Camilo explica que la intención era tener algunos invitados sobre el escenario (Joe Vasconcellos era uno de ellos, para acompañar la reversión de su tema “La funa”) pero no pudieron asistir, así que son sólo ellos y su público. Algo que no no parece molestar a nadie en el teatro.

Se eligió “Hacerlo de día” como el final del show (antes del bis), y los hermanos se coordinan hasta para salir del escenario: una reverencia y ambos corren fuera de escena. La banda se queda dando algunas vueltas más al ritmo que dejó la canción, y se acaba el show. Al menos la primera salida.

 

Moral Distraida en Caupolicán. Foto: Juan Pablo Quiroz

 

Mientras esperamos que la banda salga de nuevo, la gente descansa, se suman al “no nos vamos ni cagando”, pero todos entienden que esto no es el final. Comienzan a aparecer los músicos y las luces rojas y azules indican que se viene uno de los últimos hits de la Moral. “Probarlo Todo” suena en el Caupolicán y todos se unen al reggeatón más electrónico que tiene la banda en su repertorio.

Pasa “Sencillo” y Camilo Zicavo se dirige una última vez al público para agradecer a todos los responsables de esta fecha, todo el equipo de la banda y la producción de este evento son mencionados por nombre y reciben sus aplausos. “Ha sido un sueño. Ha sido bacán haberlo logrado…se logran los sueños, hueón!”, dice emocionado. Lo han dado todo esta noche y ahora toca despedirse arriba. Suena “Pégate” para acabar las poco más de dos horas de show.

Los 10 músicos se abrazan y aplauden al público que les aplaude de vuelta. Noche redonda en cuanto a espectáculo y entrega. La Moral Distraída ya tiene un hito más en su carrera: hicieron un Teatro Caupolicán, y lo hicieron memorable.

 

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