Juancho Valencia, de Puerto Candelaria: “El mainstream se equivoca”


El productor colombiano ganador del Grammy, líder de Puerto Candelaria, conversó con Radionauta acerca de su trabajo, de la lucha que libra con el formato canción y de cómo el mainstream se equivoca al tratar de uniformarnos.


 

En un sábado de clima inquieto en Medellín, dentro del Teatro Pablo Tobón, en el centro de la ciudad, Juancho Valencia nos acompaña hacia una mesa en un extremo del lobby, para resguardarnos del ruido de la gente y la música que allí se mezclan. Una frase suya hace unos días me tomó por sorpresa, y quiero profundizar en ella.

En el primer día de Circulart 2017, como actividad inaugural, se presentaba una conversación con dos productores ganadores del Grammy latino: Visitante, múltiple ganador de la estatuilla en solitario y como parte de Calle 13, y el local productor de Puerto Candelaria, Juancho ValenciaCreatividad e innovación en la producción musical se llamaba la charla, y resumimos algo de ella en esta nota.

Fueron más de dos horas en las que ambos productores compartieron algunas de sus ideas y filosofías a la hora de enfrentarse a la música. Y fue Juancho Valencia quien mencionó una frase pocas veces escuchada (en público) entre compositores de música popular, y que conduciría a nuestra conversación días después, buscando algo más de elaboración: “dentro de la música, la letra estorba”.

 


Juancho Valencia (izq) y Visitante (der) en la charla que dio inicio a Circulart 2017

 

En la misma charla agregaría: “Para mí, el cantante siempre distrae. Los acordes, la melodía, tienen cientos de palabras en ella. Y la letra reduce todo a sólo una”

Esta era una reflexión muy interesante, y sentí que era parte de una filosofía mayor. De manera que cuando conversamos con él unos días después en el Teatro Pablo Tobón Uribe de la ciudad de Medellín, le pedí que se explayara:

La canción, que es la mezcla de poesía y música, digamos que es una modalidad de la música, pero no es la TOTALIDAD de la música. Aunque estamos viviendo en una época en que así pareciera.

La palabra es objetividad. Una palabra significa algo, ¿cierto? Cuando tú dices “ira” ya hay una imagen en tu cerebro, pero cuando tú haces un ritmo que habla de “ira”, puede hablar de muchas (otras) cosas también.

 

Reflexionar en tiempos de inmediatez

Juancho habla acerca de cómo él siente que toda la música dentro de una canción, inevitablemente termina siendo sólo un acompañante del texto. Algo que, en su opinión, no le hace ningún favor a la música, por cómo se tratan las letras en la mayoría de la música popular.

¿Estamos haciendo poesía cuando hacemos canciones? Si en las canciones estamos diciendo en el coro: “te amo, te amo y te amo”, ¿eso es poesía? ¿o estamos siendo totalmente directos en el mensaje? ¿De verdad, ese sentimiento tan grande como el amor… dónde está la metáfora?.

En la simplificación del mensaje,  reconoce que los tiempos en los que vivimos, donde reina la inmediatez a la hora de consumir contenido, han hecho que el mensaje deba sintetizarse. Reconoce también, que el público se inquieta cuando un mensaje se toma su tiempo, aún en la música y sus letras más metafóricas.

Es por eso que él se divierte con el formato que no le gusta.

Desde Puerto Candelaria – que es el espacio donde libero todas esas cuestiones – salen canciones como Crazy Party, que es un trabalenguas. Precisamente porque no queremos esa idiotización… es una palabra muy agresiva, voy a usar la que se usa ahora, que es la infantilización del público. La canción fácil; el coro pegajoso, todo eso nos lleva a que el compositor hace canciones cada vez más parecidas a las canciones infantiles, para que sea más fácil. Para conseguir likes. Para que el coro sea mucho más efectivo.

 

Crazy Party es un ejemplo de una de las canciones de Puerto Candelaria que utiliza el formato de canción para restarle importancia a la letra. Un trabalengua, como dice Juancho, donde claramente la letra no es es relevante por lo que dice sino por cómo suena. Y es que si la letra no importa, entonces escuchamos la voz sólo como un instrumento más. Punto para Candelaria.

Otro de los ejemplos de esto mismo, dentro de la discografia de Puerto Candelaria, es Monoloco. Una canción que emula un ejercicio que Leon Gieco hizo en Ojo con los Orozco, una canción con una letra que sólo usa la vocal O. Un acierto compositivo que involucra un gran trabajo en su letra, sólo para restarle importancia a la misma dentro de la canción, al punto de – una vez más – ser percibida como otro instrumento.

Atención al minuto 04:00 del siguiente vídeo, donde Juancho Valencia y Eduardo González (voz y bajo de Puerto Candelaria), invitan al público a cantar el coro. “Esa es la música comercial que queremos: pegajosa pegajosa” dice, irónico, González ante un público que hace el intento fallido de recordar toda la letra. Otro punto para Candelaria.

 

 

El Mainstream no tiene la razón

Juancho reconoce que suena extraño un mensaje así viniendo de él, el líder de Puerto Candelaria, una banda que ocupa un lugar prominente dentro de la música popular de Colombia. Sin embargo nos dice que su lugar en el mainstream lo ganó sin comprometer su visión y su arte. De la misma manera que lo hizo su compañero de charla en Circulart.

Nos faltó finalizar este mensaje en la charla. Porque incluso Visitante que formó parte del discurso popular, nunca infantilizó.

Imagínate que “Atrevete”, el coro tiene no sé cuántas palabras.

Cuarenta y tres palabras tiene el coro de la canción que lanzó a la fama a Calle 13 a nivel planetario.

atrevete te te, salte del closet, destápate, quítate el esmalte, deja de taparte, que nadie va a retratarte, levántate ponte hyper. Préndete sacale chispa al estarter, préndete en fuego como un ligther, sacúdete el sudor como si fueras un wiper, Que tú eres callejera street fighter.

Cuarenta y tres palabras… en un coro.

“Si Calle 13 hubiese seguido las reglas del mainstream, su coro debiera haber sido sólo ‘Atrevete te te, salte del closet, atrevete te’ “, explica Juancho.


Juancho Valencia. Foto por: Kike Barona

 

Con todas estas recetas de cómo hacer una canción siguiendo las reglas del mainstream, la pregunta más obvia es: ¿Cómo consigue una banda, que rechaza la receta que impone el mainstream, llegar a ser parte de él?

Lo primero que nos muestra (eso), es que el mainstream no tiene la razón. Es la razón del dinero, es la razón del poder económico, pero no es la razón de la mente de las personas. Siempre hay un espacio. Y siempre hay gente que se cuestiona.

No todo el mundo quiere ponerse los mismos zapatos, comer la misma comida, ver la misma película, enamorarse de la misma manera, comprar el mismo carro, tener el mismo hijo a la misma edad. Hay muchas mentes. Seguimos siendo una parte pequeña, pero cada vez somos más, porque es claro que por mucho que queramos uniformar la sociedad, no es tan fácil.

Juancho Valencia. Foto por: Jeff Berhin

 

Diálogo

En toda esta filosofía se esconde una manera de hacer las cosas que definitivamente ha sido la correcta. El secreto, dice Juancho, es que las músicas “conversen” en paz.

El secreto, igual que Calle 13, igual que Visitante como productor con todos sus otros proyectos, igual que yo con otros proyectos, es no tener un conflicto con la música comercial, con la música de culto, con lo avant garde, con lo retro: es un diálogo. Y (además) nosotros como latinos no podemos entrar en esa radicalización. Porque precisamente somos una cultura que está construida en la no radicalización, en el diálogo de muchas culturas, de muchas razas, de muchos colores, de muchos climas. Mira, solamente hoy, en menos de doce horas han pasado todas las estaciones por Medellín. Somos culturas en la que es imposible la radicalización.

La música dentro de la sala del Teatro Pablo Tobón comienza a sonar, y ya tenemos que despedirnos. Juancho Valencia, el  productor ganador de un Grammy, nos ha dado luces acerca de su experiencia como un compositor latinoamericano enfrentado a un formato que le disgusta. Nos ha dicho que su lugar está ahí, justo entre lo avant garde y lo comercial. En ese lugar donde puede divertir y generar una reflexión, al mismo tiempo. Y ese lugar le queda cómodo.

 Por eso decimos: “el que lo entienda, que lo entienda, y el que no, que se entretenga”.

 

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