El Groove acrobático de Cory Henry


El Teatro Nescafé de las Artes, bajo las programación muy bien curada de Santiago Fusión (el ciclo de conciertos de nicho de Trucko Producciones) se ha convertido en un recinto que últimamente asegura alta calidad en sus conciertos. Los ejemplos dentro del catálogo de Santiago Fusión son ya varios,  Maceo Parker, Hiromi, Robert Glasper y Snarky Puppy, entre otros, han pisado el escenario del teatro de Manuel Montt. Y es de ésta última banda desde donde se desprende el protagonista de su último acierto en calidad de show. Cory Henry es el tecladista responsable de que todos quienes estuvimos el Miércoles 26 en el Nescafé, hayamos viralizado en su momento la música de Snarky Puppy. Y es que su impresionante solo dentro del video de Lingus, es el que hizo que tomáramos nota, dentro de una banda repleta de instrumentistas destacados, del nombre Cory Henry.

 

Snarky Puppy y su muy célebre Lingus. El mentado solo comienza al minuto 04:23

 

Franz Mesko estuvo a cargo de abrir los fuegos la noche del 26. El saxofonista nacional, acompañado de su banda, sopló sus primeras notas a eso de las 21 horas, iniciando así un muy sólido show en el que tocó algunas canciones de su celebrado disco de 2015 “Técnica Mixta”, y adelantó otras del “Tecnica Mixta 2”, álbum al que por estos días le da sus toques finales.

Una púlida presentación que se hizo más especial al ir presentando Franz a sus invitados de la noche: Angelo Pieratinni, Matiah Chinaski, Javier Barria y Simón Squalo acompañaron en el micrófono a la banda a lo largo de sus 45-60 minutos de presentación, ante un público que – aunque algo tímidos en un comienzo – acabó aplaudiendo con entusiasmo el set de Franz Mesko y compañía.

Una vez que Franz, los invitados y la banda hicieron una reverencia, y se volvieron a encender las luces del teatro, mientras se cambiaba el escenario para Cory Henry, se escuchaban entre los asientos comentarios del tipo “- Weno el hueón, ¿tú lo conocíay?” “- Ni en pelea de perros. Weno la cagó”. Objetivo cumplido.

 

Franz Mesko. Fotos por: Miguel Fuentes O.

 

Luego de 15 minutos de intermedio, se bajaron las luces de la sala y subieron las del escenario. Entre aplausos entra a escena Cory Henry, con un vasito de ¿café será?, mochila y lentes oscuros, enfilando hacia el lado del escenario donde están su órgano, su teclado y su sintetizador. Se acerca el mic; amablemente saluda al público y cuenta que viene presentado su disco The Revival, un disco solista de gospel, jazz y clásicos de R&B, grabado en el Greater Temple of Praise en Brooklyn, N.Y., la iglesia en la que conoció su primer instrumento, el organo Hammond B3, que hoy toca para nosotros en Santiago de Chile.

 

Cory Henry en su Hammond. Foto por: Miguel Fuentes O.

 

El show lo comienza él solo sobre el escenario, demostrando con calma su soltura en el instrumento. La gente grita y se desespera porque comiencen pronto las acrobacias que ya le conocen. Pero él está imperturbable, y conduce su música por pasajes más souleros, que suenan como algo sacado de la iglesia con más groove de la historia (que debe ser la suya). Tocando himnos seculares como “Amazing Grace”, que Henry adopta y contorsiona a su gusto, su virtuosismo comienza a asomar y ya sus dedos viajan por las teclas del Hammond. Es la iglesia de Cory Henry y todos somos sus feligreses.

Luego de unas canciones, entra al escenario Taron Lockett, baterista de su banda Cory Henry & the Funk Apostles, y ya todos sabemos que está por comenzar la parte más potente de la presentación.

Ya con los dos en plena acción, la demostración de talento es sobrecogedora. Entre los espacios que dejan las teclas de un lado, se cuelan los toms del otro. Ambos veloces, creativos e irreverentes, se complementan perfecto.

 

Cory Henry y Taron Lockett. Foto por: Miguel Fuentes O.

 

Cuando nos estábamos acostumbrando al in crescendo frenético del jazz fusión que estaba armando el dúo, de pronto, Ray Charles. Cory se acerca el micrófono y canta (además canta) “Drown in my Own Tears”. Y no será la única canción del repertorio popular de la que Cory tomará posesión esta noche. Ya con Sharay Reed en el bajo (otro de los Funk Apostles), suenan versiones de “Can’t Hide Love” de Earth Wind & Fire y “Living for the City” de Stevie Wonder, en la que nos involucra a los asistentes para los coros. Versiones que son tan suyas como lo es el lenguaje con su instrumento; con arreglos construidos cuidadosamente para desarmar la canción original, sin romperla.

Al acabar el show, el público pide otra y los 3 músicos vuelven al escenario para dar, según el propio Henry, “20 minutos de funk”. Una improvisación coreografiada por Cory para empezar a soltar el cuerpo primero, y luego  se lanza. Nos da algo así como 10 de los 20 minutos prometidos, pero al final nos tiene cantando con él “Give up the Funk” (o al menos 2 de sus frases) y saciando así nuestra sed del groove más clásico. Ya son las casi las 12 y acaba el show. Cory Henry nos llevó a la iglesia; nos desarmó con su imposible velocidad de manos y nos trajo de vuelta el funk. No pedimos más.

 

Bonus:

Cory Henry compartió, en un momento de la noche, una canción de su autoría que según él, le arregla siempre su humor. Y para que se vayan de acá cantándola…

 

Comentarios