Afírmate: Nació el “Sonido Volcánico” de Insultanes


Insultanes lanzó con honores su esperado primer disco “Sonido Volcánico” en el Club Chocolate, acompañados por el desquicio de la Ciscu Margaret y la querida Banda Conmoción. Una fiesta a la altura de la ocasión, vibrante y hermosa de principio a fin, en la que abundó el color, las apuestas honestas y la música de alta intensidad.

(Escrito por Roberto Mundaca para Radionauta)

El lanzamiento de la primera guagua de Insultanes, “Sonido Volcánico”, el pasado 28 de Diciembre fue la mejor manera de terminar el año viejo y dar paso al nuevo.

 


Insultanes. Foto: Pablo Contreras

 

El inicio de esa noche de música en el Club Chocolate estuvo a cargo de la Banda Conmoción. De quien es tan difícil hablar a estas alturas, después de tanto dicho, de tan bella forma y con justa razón. El fundamento de la Conmoción es la fiesta, lo ceremonial, el rito de juntarse, bailar y cantar en comunión, en su propio sincretismo de las fiestas religiosas, los tambores ancestrales y la música del mundo. La que en su último disco “Festejos” – lanzado el 26 de Noviembre – se va de viaje por sonoridades de todo el continente. Y fue parte de ese disco lo que mostraron los esenciales en Chocolate, con la categoría y prolijidad que ya es parte de su sello, con protagonismo de los ritmos tiraneños, cuyo potencial festivo es hoy uno de los puntos altos de sus presentaciones, que atraviesan un repertorio que se mueve entre clásicos inmejorables y la nueva música que está increíble.

 


Ciscu Margaret. Foto: Facebook

 

Justo antes de Insultanes, La Ciscu Margaret desplegó todo su encantos en escena. Conocía a esta banda y sabía de su apuesta delirante, pero nunca los había visto en vivo, y como se dice en la jerga: “me volaron el cráneo de un suácate”. Suenan como un cañón. El rock, el blues y todo lo que entrelazan, goza de una honestidad rigurosa. Porque como dice el sabio castor guitarrista: el rock no es chacota. En el fondo, es música muy en serio, pero son payasos. Eso sí, payasos serios, y payasos en serio cagados de la cabeza. Detrás de esa nariz de rojo fieltro las posibilidades son enormes y esta banda las explora con genialidad y un aplomo escénico que da gusto. No me explico cómo nunca los había visto en vivo y juro por lo más sagrado que trataré de no faltar a ninguna tocata futura, porque de verdad es una experiencia que rejuvenece el alma. Con lo que hace falta reír por estos días y con lo bien que hace, una tremenda banda donde están todos locos se agradece. Me encantaron, tres jumbitos para ellos y una carga de Bip.

 


Insultanes. Foto: Pablo Contreras

 

Era el turno de Insultanes y su “Sonido Volcánico”, quienes se encargaron de cerrar la noche de manera brillante. Ustedes pueden pensar que exagero, pero creo que este show superó las expectativas que eran ya altas en estos primeros años de creatividad y evolución de estos jóvenes músicos, en que se fueron construyendo en base a la ideas, sonidos e intenciones frescas. La nobleza de la juventud, la frontalidad, el arrojo, la genialidad del que sale a descubrir, pero también una añoranza del encuentro y la convivencia, son todas partes del sonido que Insultanes hizo resonar en el Chocolate. Como si detrás de la expresión musical hubiera parte de una generación hablando. En ese sentido, Insultanes ha sintetizando y canalizado sentires y experiencias en canciones que se urden dentro de un sonido muy original. Una cruza de eclecticismo, poder y virtuosismo, complementado por un espectáculo escénico que pide a gritos ser puesto a prueba en el circuito internacional.

 


Insultanes. Foto: Pablo Contreras

 

Con toda honestidad le deseo larga vida a Insultanes. Que sobrevivan a las inclemencias de un país con poca cultura musical; que sepan moverse en una realidad que a ratos es confusa y aplastante, pero que de igual forma ofrece oportunidades de poesía e inspiración. Insultanes posee uno de los shows con más proyección del circuito nacional y es, sin duda, uno de los más potentes que me tocó ver en el 2017. Sólido en todas sus líneas, un despliegue de virtuosismo, con multiplicidad de recursos, timbres y ritmos, llevado a una expresión visceral, vibrante e intensa. Música fresca, audaz y atrevida: lo que uno quiere esperar de los jóvenes.

 

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